Las personas de la sociedad actual necesitan y demandan una utilización beneficiosa del tiempo de no-trabajo. Demandan, en definitiva, vivencias espaciales y temporales que lo identifiquen mediante el encuentro con él mismo, con el medio o con los otros.
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Esta demanda de vivencias es la característica principal del momento actual de la sociedad moderna y nosotros debemos ser conscientes de que en el tiempo de no-trabajo se pueden satisfacer esa demanda de vivencias. Podremos entender, entonces, que las personas se liberan a través del tiempo libre, y que, por lo tanto, lo buscan como un fin y no un medio. Es decir, hay que garantizar el buen uso del tiempo de no-trabajo a la mayoría de las personas. Por consiguiente, debemos crear, desarrollar o consolidar una nueva industria capaz de ofertar productos para satisfacer la necesidad y la demanda del hombre y la mujer moderna. La industria del tiempo libre debe, pues, planificarse, implementarse y gestionarse con eficiencia, basándose en estrategias que consideren el tiempo libre como una experiencia liberadora. 
Ahora bien ¿Cuáles son –o pueden ser- las experiencias de libertad en el tiempo libre capaces de satisfacer las necesidades y demandas de identidad y vivencias temporales y espaciales de la sociedad moderna? A nuestro entender son, por lo menos, cuatro, a saber: - Desarrollo personal
- Diversión
- Contacto con el lugar
- Vínculo con las gente
Por medio del desarrollo personal el hombre se emancipa del estancamiento o el retroceso como persona.
A través de la diversión, el hombre se salva de la monotonía y de la saturación. Gracias al contacto con el lugar, el hombre se recupera del desarraigo. Y mediante el vínculo con la gente, las personas se rescatan del egoísmo y el aislamiento. 
Las cuatro son experiencias de libertad y de las cuatro extraemos las cuatro dimensiones del tiempo libre que siempre debemos tener en cuenta y que son: - La dimensión creativa
- La dimensión ambiental
- La dimensión lúdica
- La dimensión solidaria.
La dimensión creativa viene a ser la realización actual del concepto de ocio propio de la cultura clásica. Un ocio formativo, reflexivo, cultural, creativo y de crecimiento personal. Está relacionada con la autorrealización, en la que están implícitos el aprendizaje y la formación.
La dimensión lúdica del ocio responde a las necesidades de descanso y diversión. Descanso entendido como separación del trabajo y el quehacer cotidiano. Diversión entendida como acción que distrae, que evade los límites de la realidad. La dimensión ambiental alude al encuentro con la naturaleza, a la satisfacción desinteresada que nos produce el encuentro con un medio ambiente deseado. Y la dimensión solidaria del ocio admite el vínculo con la gente y el reencuentro con los otros y con la época que vive cada persona junto con sus coetáneos, el rescate del egoísmo y el ensimismamiento. Analizando estas dimensiones nos damos cuenta que las experiencias de desarrollo personal, diversión, contacto con el lugar y vínculo con la gente se hacen posibles, actualmente, a través de las actividades turísticas, culturales, deportivas y creativas. Es decir, el turismo, la cultura, el deporte y la creatividad son partes integrantes de una misma industria: la industria del tiempo libre. Partes individuales pero que convergen y se potencian conjuntamente. Ésta es nuestra filosofía de futuro y en ella convergerán nuestros esfuerzos en los próximos años. |